lunes, 16 de agosto de 2010

Un agradable día de turismo.

Cuaderno de viaje, Budapest 2008.

[2 de mayo]

Nada hacía pensar cuando me he levantado esta mañana que volvería a casa 9 horas después terriblemente satisfecho con lo acontecido a lo largo del día de hoy. El plan para hoy era Ciudadela y Castillo de Buda, aunque no sabía si en ese orden o en otro distinto… como ya todos sabemos de sobra, la gorra del HOPE nos hará guiarnos y aceptar las cosas como vayan surgiendo.

Tenía claro en que parada de metro tenía que bajarme, pero eso es una cosa y luego saber moverte por la ciudad, más si cabe con tanta entrada y salida del metro, y tan pocas indicaciones en inglés. En fin, que me he puesto a andar y he descubierto una calle la mar de interesante para la excursión que me reservaba para el sábado y, como quien no quiere la cosa me he encontrado al otro lado del puente que me llevaría a los Gellert, por tanto, el destino había querido que empezáramos nuestra visita por la ciudadela que hay en la cima del mismo nombre.

Aquello parecía un laberinto de caminos que querían ir hacia arriba, pero unos parecían más directos que otros, así que he decidido subir todo el tiempo por la ladera del monte que daba en todo momento al Danubio, por un lado, porque cada dos por tres te ofrecía la posibilidad de parar a descansar en un mirador, y por otro, porque supongo que será la subida más bonita, todo el tiempo mirando hacia el lado PEST de la ciudad.

Una vez en la cima, primera experiencia cien por cien turística… tiendas, souvenirs, gente a patadas… y una vez vistas todas, vuelta para abajo, pero esta vez por la otra fachada del monte Gellert y con el punto de mira hacía el barrio del Castillo de Buda. Antes de nada, primera reflexión del día, antes de entrar en mi segundo destino, y es que allá dónde vaya me encuentro con diferentes grupos de personas que, sean del país que sean, se pueden fácilmente etiquetar en alguna de las categorías:
  • Parejas, jóvenes o no, heteros o gays, pero parejas al fin y al cabo. Unas se dan más besos que otras, otras se abrazan, pero todas siguen más o menos el mismo patrón. Consecuencia inevitable, no puedo dejar de pensar en la mía, más sabiendo que muchos de estos lugares ya los hemos visitado juntos hace cuatro años.
  • Parejas con niños pequeños. Esto es todavía peor porque no sólo me falta mi mujer, sino que añadimos al pequeño de la casa. Las hay con niños realmente pequeños, no sé yo si me atrevería a hacer este tipo de viajes con criaturas tan pequeñas… Por cierto, este punto debe ser recíproco, porque hoy me ha dicho mi mujer que Sergio no para de preguntar por su papá, que está terriblemente rebelde en parte porque echa en falta a su papá, que construye aviones con las piezas y dice que va su papá en ellos… nunca pensé que se pudiera echar de menos tanto a una personita que sólo hace dos años que está con nosotros. [Pausa para sonarnos los mocos]
  • Parejas con personas mayores, los abuel@s, los padres ya ancianos, los suegr@s que todavía es peor… Y estas son las que me hacen volver a la realidad y me ayudan a olvidarme del resto y a sonreir… gracias a Dios yo no estoy en esa situación, ni me gustaría estar nunca.

En fin, que cuanto más turista me siento, más me voy acercando a los típicos sitios para guiris, ¿o será al revés, que cuantos más sitios para guiris recorro, más turista me siento? Da igual, sea lo que sea, hoy es un día que está mereciendo la pena, y ya llevaba cinco aquí sin tener una sensación parecida.

Y como guiri acabo de cometer el mayor error, aunque al menos he podido rectificar a tiempo. Esto está todo petado de gente, y más o menos los menús aceptables están en torno a los 1800-2000 HUF pero he cometido el error de sentarme en un restaurante, quizá por el ansia de encontrar por fin uno con sitio, y no me he fijado en la pizarra de los precios… craso error porque en cuanto me han traído la carta he caído en la cuenta de lo que acababa de hacer.

Y aunque ya había pedido una cerveza, como no me la habían servido todavía, y aprovechando que los camareros estaban despistados, he decidido hacer mutis por el foro y buscar un lugar más normal dónde comer, y bien pronto que lo he encontrado, gracias a Dios, por cierto, como cada día trato de probar cosas distintas, aunque a veces no sé ni cómo se llaman, hoy ha tocado “Chicken Prapikas” con la compañía de mi mejor amiga por estas tierras, una rubia DREHER.

Aprovechando que estoy revisando lugares que ya había visto con mi mujer en 2004, permitidme que me haga la promesa de no volver a viajar con toda la ruta organizada, porque tal vez sea la forma más fácil de ver de todo un poco, pero también es la forma más segura de no ver nada de muchos sitios. Lo digo porque según avanza el día, voy cayendo en la cuenta, que aquella primera vez sólo habíamos podido disfrutar el 10% de todos estos lugares que hoy estoy rememorando. Y no sólo eso, he borrado de mi diccionario frases típicas como “corre, que se va el autobús… ha dicho el guía que a tal hora en tal sitio… ha dicho el guía que no hagamos no sé qué, que aquí hagamos no sé cuánto…”

Nada más lejos de la realidad, me muevo sin reloj, no sin mapa, porque aunque no sepa cuándo, en algún momento tengo que ser capaz de encontrar el camino de vuelta, pero el que yo quiero, y cada día uno distinto, sin tener que ir siempre por la misma acera y por los mismos lugares. Como muestra un botón, resulta que hoy había feria medieval en el castillo y me he sentado tranquilamente en mitad de un parque, a pleno sol, a disfrutar de todo tipo de canticos y bailes típicos húngaros, incluso he podido disfrutar de una exhibición de armas y luchas típicas de antaño. Para cuando me he querido dar cuenta ya eran las 5 de la tardes, y todavía me quedaban varias cosas que visitar… pero como digo, el horario y la ruta la marco yo, por tanto, la cambio cuando se me antoja y me adapto a las oportunidades que me va ofreciendo la ciudad sobre la marcha.

Y mañana todavía es sábado… Ah, por cierto, creo que Pedro Piqueras me sigue, hoy he vuelto a verle… y en esto también se ve qué no hay tantas diferencias, da igual qué dinero tengas, al final, todos tenemos las mismas o parecidas inquietudes, eso sí, el estará ahora mismo descansando en un hotel de cinco estrellas y yo en un piso compartido con personas que ni siquieran saben mi idioma, y mucho menos, mi nombre… ni quieren saberlo, me temo.

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