sábado, 14 de agosto de 2010

Los sistemas de información húngaros.

Cuaderno de viaje, Budapest 2008.

[30 de abril]

La cita de hoy comienza a las 9.30 en el Heim Pal Pediatric Hospital, en el despacho del Dr. “malos pelos” Harmat. Nosotros, como buenos españoles que somos, llegamos 10 minutos tarde, por tanto, nos encontramos esperándonos a dos personajes nuevos en esta historia. El “director”, creo, de los sistemas de información del hospital, de nombre Itsvan, algo parecido a nuestro Luismi pero con más cara de bruto si cabe, y una especie de secretaria de dirección, Elizabeth, vieja como el hospital, que hará las veces de traductora. Nos informan que también hará las veces de guía los días que el Dr. Harmat no pueda hacer un hueco en su agenda.

Subimos a la última planta del hospital y en ella parece ser que están alojadas, por lo que podemos entrever mirando maleducadamente entre las puertas abiertas, todo el personal administrativo del hospital, como nuestra antigua 3ª planta en FHC, y nos metemos en una especie de biblioteca en la que en uno de los cuatro ordenadores que hay, está preparado y conectado con el cañón, a través del cual, nos van a presentar la situación de los sistemas de información húngaros, en general, y de este hospital en particular.

Podéis haceros una idea de lo que puede llegar a ser aguantar a un señor húngaro, hablando en húngaro, siguiendo una presentación powerpoint en húngaro, y que además va leyendo en húngaro un ingente montón de papelotes, seguramente también escritos en húngaro, de los que de vez en cuando levanta la vista para que puedan darnos la traducción al inglés correspondiente, y realizar en nuestros cuadernos las correspondientes anotaciones en castellano.

Pues así casi 3 horas sin parar, si ya en castellano hubiera resultado cansino (imaginaros a Luismi tres horas hablando de algo que sólo él entiende, con todavía menos gracia de lo que a él se le supone) y con el añadido de hacerlo en húngaro, y luego doblado a su vez al inglés por una viejecita de lo más entrañable, pero viejecita al fin y al cabo… yo a las dos horas he desconectado, lo siento, mi mente no da para más.

No os podéis hacer a la idea de lo agotador que resulta estar en alerta permanente, cosas que en España puedes hacer por inercia y sin apenas ser consciente de ello, en un país extranjero, con una ortografía compleja, y sin apenas traducciones al inglés, te obliga a estar en constante estado de atención hasta para andar paseando a lo largo de una calle, no te digo nada en cuanto te metes en el metro y quieres descifrar hacia dónde te diriges para poder coger la línea correcta, y es más, en la dirección correcta y no la contraria… como ya he dicho, agotador a más no poder.

Algo similar le ocurría a Kapuscinski con motivo de su primer viaje a China, y que el refería “a la percepción de la presencia de la Gran Muralla, pero no era la misma que había visto varios días atrás en las montañas al norte de Pekin, sino una mucho más peligrosa para él, imposible-de-salvar: la Gran Muralla de la Lengua”.

Hasta tal punto he desconectado, que Ella (Eija) se ha dado cuenta y luego lo hemos estado comentando. Lo siento, pero si en castellano una reunión deja de ser productiva en cuanto supera las dos horas, no os podéis imaginar si en lugar de ser en castellano se trata de una reunión húngaro-anglosajona, y viceversa. En fin, el contenido de esta sesión de trabajo será parte de nuestra presentación en París, por lo que aquí prefiero no contar nada más, pero vamos, que muy mal están aquí las cosas en lo que respecta a sistemas de información, por lo que tendremos que enfocar nuestro trabajo a reflejar lo que hay, y en dar posibles orientaciones a soluciones que podrían tomarse a corto, medio y largo plazo para recuperar el terreno perdido.

Por fin hemos bajado a comer… otro esfuerzo añadido, es imposible saber qué es lo que estamos comiendo, y muchas veces es mejor no preguntar, al menos hasta haber acabado. Hemos ido a la cafetería del hospital, por cierto, a la que podemos ir todos los días que estemos en Budapest a comer, simplemente identificándonos como participantes del HOPE. A simple vista, la típica cafetería de hospital, con su porta-bandejas y donde a priori puedes ir seleccionando platos y depositándolos en tu bandeja mientras te desplazas por la línea, pero una vez más, nada más alejado de la realidad. Aunque a simple vista parece haber varias opciones para cada plato, no hay posibilidad de realizar elección alguna. Una señora te pone el primer plato sobre el mostrador, otra señora te pone el segundo y otra te da el postre. Y ya está, lo que hay es lo que tienes que comer, te guste o no. Como no, nos ponemos la gorra del HOPE y nos comemos lo que tenemos sobre la bandeja.

Y no como el correo que acabo de leer de nuestro Director Eco-fin y SS.GG. al respecto de la cafetería y la posibilidad de elegir más opciones en los menús, que si bocadillos de dos o cuatro componentes, y no sé que más tontadas… que falta les haría a muchos vivir experiencias como ésta que tengo la suerte de estar viviendo para darse cuenta de qué es lo que tienes, y con qué poco se conforma mucha gente. Cuanto más tienes, más quieres.

Después de comer hemos tenido nuestro primer contacto con pacientes de verdad y concretamente con el servicio de urgencias del hospital, pediátrico por cierto, y por tanto, para alguien que hace varios días que no ve a su hijo pequeño, más dramáticas si cabe. Hemos tenido la suerte de seguir un episodio completo, desde la recepción de un niño accidentado en la admisión de urgencias hasta su atención primera en una especie de sala de curas y posterior estacionamiento en una sala con 6 ó 7 camas en los que se ingresan a los pacientes en un periodo que va desde las 6 horas hasta como máximo las 24 horas. Para ingresos más prolongados pasarían a planta, como aquí vulgarmente decimos.

Y tras despedirnos de la gente del hospital, nos encontramos ante un periodo de cuatro días festivos, que aprovecharemos para conocer la ciudad, y en mi caso, para revisitar todos aquellos lugares que tuve oportunidad de ver con mi mujer durante una estancia de tres días en el verano de 2004.

Como sigo sin internet, he intentado comprar un acceso USB a internet (VODAFONE o similar) pero entre que es muy difícil encontrar gente aquí que pueda hablar en inglés, incluso entre la gente joven, y que el que he podido encontrar me ha dicho que no me recomendaba comprarlo porque precisan de un contrato de al menos un año, y mi estancia aquí es de sólo un mes, me he tenido que calzar una vez más la gorra del HOPE y desistido en esta empresa. Solución: justo al lado de la tienda de VODAFONE había un cibercafé, así que me he pedido una cerveza y una hora de conexión, que han terminado siendo dos, y me he puesto al día tanto con el correo personal como con el del trabajo.

Intentaré conectarme si no todos los días, al menos sí cada dos, para ponerme al día de lo que va pasando y desconectar un poquito de tanto húngaro y húngara, por cierto, seguiré viniendo a este “ciber”, las camareras guapísimas y amabilísimas… y por si fuera poco, hablan inglés.

7 comentarios:

Gerineldo dijo...

Pero hombre... ¿es que no sabes hablar ni leer húngaro? Vamos, com lo fácil que es...

Iñaki dijo...

A quién se le ocurre ir a Hungría sin saber húngaro... con lo fácil que es el inglés, verdad, my friend?

Juana dijo...

Pues no se parece nada a lo que cuentan del Erasmus .... jeje

Martuka dijo...

Pues no se, no se yo con quien te juntarias por que yo fuí hace 16 años y te aseguro que se hablaba inglés, ahora la pregunta es: hemos estado en el mismo sitio??? o con gente de la misma edad??? jajajaja

P.D Cómo lo pasaste??, yo genial, hay un ambiente nocturno...

Iñaki dijo...

Sí, nosotros también lo pasamos genial, lo que pasa que el día a día, y sobre todo los primeros, fueron un poquito así. Ya llegarán los días en los que contamos otras cosas... y sobre todo en los circuitos turísticos, todo el mundo sabe inglés, y si buscas bien, hasta castellano.

Emilienko dijo...

Una crónica muy interesante.

Yo en mi hospital tengo varias opciones para el menú del almuerzo y de la cena; aún así me quejo. Está bien tener variedad, pero la calidad también hay que controlarla.

Un buen menú hace al personal más feliz y más eficiente.

Iñaki dijo...

Gracias Emilio, por cierto, acabo de leer tus pesadillas con el japonés y el jacuzzi de tu casa, me he reído muchísimo, jajaja...

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