martes, 24 de agosto de 2010

Haciendo la colada.

Cuaderno de viaje, Budapest 2008.

[10 de mayo]

Segundo fin de semana en Budapest, por tanto, llevamos ya aquí dos de las cuatro semanas que en principio dura el programa. No es que andemos escasos de ropa pero es buen momento para renovar la maleta, y aguantar así las dos semanas restantes.

Ayer conseguimos hablar medio inglés, medio indio, con una de las enfermeras que comparte el apartamento con nosotros y le pedimos permiso para usar la lavadora, más que nada porque está en el cuarto de baño de las chicas, y para que nos dijera más o menos cómo funcionaba, porque es todo a base de dibujitos, y claro, pues tampoco queríamos estropear ni la ropa ni la lavadora para una vez que la íbamos a usar.

Así que he dedicado la mañana del sábado para estos menesteres, ya que luego hay que esperarse casi dos horas a que termine la lavadora para tender, y de paso hacer un poco de orden en la habitación y en el montón de papeles que vamos recolectando allá donde quiera que vamos.

Por la tarde, la intención era visitar el festival de Palinka, un licor típico de aquí, pero ya sólo por entrar había que pagar 1400 HUF, que no es mucho dinero, unos 6 euros, pero por entrar a un parque con cuatro o cinco barracones, y viendo lo que se veía desde fuera, tampoco merecía mucho la pena. Así que aprovechando la cercanía de la Sinagoga decidí ir a visitarla pero con idéntico resultado, y esta vez no por el precio, sino porque estaba cerrada.

Así que nada, un paseo más o menos corto por otro par de parques de la capital, y un poquito de sol en un par de bancos mientras leía algo, y para casa. Bueno, antes y como casi todos los días, a conectarme un ratillo para ponerme al día con el correo, que ayer al estar todo el día fuera pues no fue posible, y de paso conectarse con la familia, aunque sea a través de webcam, siempre merece la pena.

2 comentarios:

miguel dijo...

El primer día que llegué a la lavandería de mi residencia universitaria comprobé horrorizado que se pagaba mediante el móvil, y claro Vodafone no me permitía pagar allí.

Menos mal que mis dos compis vivían en un edificio cerca del hospital y allí me fui una mañana de sábado con mi mochila llena de ropa, me apunte en la lista (lavadero colectivo en la planta baja) y a mi hora, alli estuve lavando.

Después se tendía en unas cuerdas colgadas en una especie de parque/bosque enorme en la parte de atrás del edificio y la verdad es que... quien fuera calzoncillo para secarse en ese entorno!!!!!!

Cada paso era dificil, pero se aprende mucho. Hay que volver!

Iñaki dijo...

Por supuesto que hay que volver y por supuesto que cada experiencia era una lección aprendida que nunca olvidaremos. Pero me temo que mientras no cambiemos de gerente por aquí, yo nada de nada... tenía 2 o 3 congresos para lo que queda de año, y me han dicho que tururú!

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