lunes, 19 de marzo de 2012

Me murí.

Seguimos con la resaca del día del padre, y debe ser que estamos más tiennos que en otras ocasiones para  hablar de estas cosas.

Ya os he contado en alguna otra ocasión que tengo un hijo muy preguntón, y si no, me remito a los muchos y muchos #spiderboyfacts que he ido lanzando por twitter con todas sus ocurrencias.

Pues bien, siempre he pensado que hay que contestarles la verdad, sin cuentos, sin fantasias, pero ajustándose a la realidad lo máximo posible aunque adaptando el discurso a un niño de seis años.

Así que me viene de perlas que haya publicaciones de este estilo: Los familiares deben explicar con claridad la muerte de un ser querido a los menores.
Ante la muerte de un ser querido, los familiares deben contarle la verdad a los menores sin utilizar metáforas que puedan confundirle y le impidan seguir el duelo con total normalidad, afirma Loreto Cid, autora de la guía didáctica 'Explícame qué ha pasado', que recoge consejos sobre cómo abordar el tema de la muerte con los más pequeños.
Es más, lamentablemente, mi padre falleció ocho años antes de que naciera el #spiderboy, pero desde el principio ha sabido dónde estaba su yayo enterrado, de hecho hasta el año pasado nunca hemos faltado a nuestra cita anual al cementerio de Astigarraga todos los 1 de noviembre.

Yo lo he elegido así, no creo que me vaya mal hasta la fecha. ¿Y tú como afrontas estos momentos delicados con tus peques?





8 comentarios:

M Fraile dijo...

Es verdad, con los niños lo mejor es la verdad, con naturalidad. Ellos son niños, no tontos y lo entienden desde el principio

Iñaki González dijo...

Dí que sí, guapa, hablamos el viernes cara a cara, jajaja...

MsConcu dijo...

Siempre lo mejor es afrontar la muerte con naturalidad. Bien hecho! :)

No tengo hijos, pero el día que los tenga (es algo que confío suceda...), ten por seguro que les hablaré de su abuelo Juan y de cómo nos dejó, tranquilo por la vida que había vivido y sintiendo que todo sería como un... sueño.

Un abrazo enorme!!!!

Iñaki González dijo...

Maritereeeeeee, claro que tendrás hijos,y seguro que lo harás genial, y el abuelico Juan os mirará muy orgulloso desde el cielo.

Besazos.

Virginia dijo...

Hola
Ante esta entrada me siento con ganas de comentar algo. Yo tuve la experiencia de una pérdida familiar directa con la edad de 6 años y la vivencia de la falta de información adecuada a la edad y la imposibilidad posterior de hablar de ello, porque era un tema tabú con los adultos de mi familia, lo que me ocasionó un trastorno de falta de duelo vivido, con el que tuve que crecer y vivir. Por supuesto se me generó un vacío aún mayor. Cada noche durante varios años, lloré intentando hallar una respuesta a mis dudas, y la búsqueda continua junto a la ansiedad o angustia por ese vacío era aún mayor cuando no te explican qué pasa, y tus miedos y "fantasmas" vagan libremente para oscurecer aún más las noches infantiles. Ahora mi padre ha fallecido y mi hija supo desde el primer día que estaba enfermo y luego que nos abandonó. Ella habla de él y eso me consuela, la normalidad es fundamental. Perdona la sinceridad, pero me he visto reflejada. Saludos

Iñaki González dijo...

No hay nada que perdonar, Virginia, al contrario, muchísimas gracias por ti sinceridad y por sentirte con ganas de comentar un tema tan personal en esta vuestra casa.

Un fuerte abrazo!

Laila dijo...

Pues eso, que los niños no son tontos y sobreprotegerles no es bueno. Antiguamente (y no hace tanto) se velaba a los muertos en casa y allí estaba toda la familia, amigos y no pasaba nada. No salían traumatizados (o casi no) y la muerte era asumida como algo natural. El siguiente paso.

Iñaki González dijo...

El siguiente paso hacia donde? Yo ahí prefiero no entrar, a los niños les gusta pensar que su yayo está en el cielo pero no le doy más significado que ese.

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