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miércoles, 14 de noviembre de 2012

Indecisión.

No hay nada peor que llegar a una encrucijada y no saber qué camino coger... nervios, sudoración, dolores de barriga.

Cuando eres tú el que tienes que tomar la decisión, mejor o peor, decides por tu cuenta y riesgo y tiras para adelante. Si te has equivocado, corriges a las primeras de cambio antes de que se produzcan daños irreparables y aprendes del error para próximas oportunidades de tomar una decisión.

¿Pero si no eres tú quién debe tomar la decisión? ¿Si dependes de que otro tome esa decisión para que tú puedas continuar con tu trabajo?

Cómo trabajar con un jefe que no toma decisiones:

El jefe siempre debe ser un modelo a seguir y un referente, y cuando su comportamiento evidencia falta de criterio y determinación, la consecuencia inmediata es la desmotivación de los profesionales que trabajan con él. Asimismo, un comportamiento reiterado de este tipo en la cúpula directiva puede ocasionar que los profesionales decidan abandonar la empresa con la consecuente pérdida de talento.

Y conste que no lo digo yo, que lo dice ni más ni menos que Pilar Jerico, que de esto sabe un rato largo. ¿Y qué se puede hacer ante una de estas situaciones? 

Los expertos coinciden en que los colaboradores deben actuar y hablar con el interesado, es esencial que el profesional conozca a su jefe y se atreva a decirle las cosas cara a cara, siempre desde el respeto, la madurez y con una orientación constructiva. Y, por supuesto, que el directivo sepa admitir y asimilar el feedback de su equipo.

Jijiji... aquí ustedes perdonaran que me entre la risa floja. Encontrar un directivo que sepa admitir y asimilar el feedback de su equipo va a ser como encontrar una aguja en un pajar, pero bueno, como últimamente estamos optimistas, pues seguimos buscando. 

Algún día llegará!





miércoles, 29 de febrero de 2012

Que no me copies.

No, no se crean. Esto no es un post pataleta porque alguien haya cogido una de mis entradas y la haya fusilado sin poner la fuente ni nada parecido.

Recuerdo que hace unas semanas la amiga @monicamoro nos hablaba sobre el uso de los correos electrónicos en su Mira Que Bé, y mira tú por donde, que hace unos días Pilar Jerico nos volvía a incidir sobre el tema pero desde la óptica del #liderazgo.

Sin C/C, por favor:
“Poner siempre en copia al jefe resta responsabilidad a quien toma la decisión” me comentó el otro día un director general de un banco. Y qué razón tiene. El jefe puede exigirlo bajo la ilusión de que así controla mejor o el colaborador puede añadirlo para escudarse ante posibles consecuencias.
Y que quieren que les diga, que un servidor tiene debilidad...

... debilidad por Mónica Moro, de la que a poco que hayas leído por aquí, no tengo nada más que añadir.

... debilidad por Pilar Jericó, a la que tuve la suerte de saludar en el Foro de la Innovación de hace un par de años en Logroño,

... y debilidad por cualquier tema que vaya ligado al concepto del liderazgo, uno de los temas favoritos en esta casa.

Me quedo con esta reflexión de la propia Pilar Jericó (las negritas son mías, jejeje...):
liderar supone crear entornos desafiantes que reten a los colaboradores, que les confronten con sus propios dilemas y con el vértigo de la toma de decisiones. Y todo ello requiere nuevas actitudes, valentía, desterrar el férreo control, reconocer la iniciativa y confiar en el equipo, algo que no siempre se pone en juego en las empresas.
Hoy mismo empiezo a fijarme de a quién pongo copia en mis correos y quién me pone copia a mí, y sobre todo, cuantas de esas veces es estrictamente necesario o se tratan de oscuras maniobras orquestales en la oscuridad, jajaja...



Y vosotros, ¿abusáis mucho del C/C en vuestros correos electrónicos o lo justo e indispensable?

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